Sábado, enero 10, 2026

Hacienda dicta taller de T-Mas, proyectándola como una herramienta clave para acelerar proyectos de inversión y fortalecer la regulación financiera sostenible en Chile

  • El taller “Finanzas Verdes: Hoja de ruta para la implementación de la Taxonomía en Chile” reunió a actores del sector financiero para avanzar en el uso práctico de la Taxonomía de Actividades Medioambientalmente Sostenibles.
  • Hacienda, Economía y la CMF trabajan de forma coordinada para integrar la taxonomía como criterio objetivo en la priorización de inversiones estratégicas y en la regulación financiera sostenible.

El Ministerio de Hacienda realizó el pasado miércoles el taller “Finanzas Verdes: Hoja de ruta para la implementación de la Taxonomía en Chile”, junto al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la consultora ambiental del estudio Guerrero-Olivos, dirigido a empresas del sector privado, con el objetivo de avanzar en la implementación de la Taxonomía de Actividades Medioambientalmente Sostenibles (T-MAS) como instrumento estructural para acelerar inversiones y fortalecer la regulación financiera sostenible.

La actividad contó con las exposiciones de la coordinadora de Finanzas y Asuntos Internacionales de Hacienda, Carola Moreno; el asesor de la Oficina de Finanzas Sostenibles, Lucas Apparcel; el jefe de Fomento del Ministerio de Economía, Nicolás Marshall; la directora de Estudios de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), Nancy Silva, y consultores del BID.

El foco del encuentro fue presentar propuestas de implementación de la T-MAS al sector privado, en particular dos iniciativas que ya están avanzando de forma independiente desde el Ministerio de Economía y la CMF. La primera se vincula con la Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales y la segunda con la norma en consulta pública que regula a las Administradora General de Fondos (AGF) y a los fondos fiscalizados por la CMF para poder etiquetarse como sostenibles.

En su intervención, Moreno destacó que “el desarrollo de la taxonomía en Chile fue un proceso de carácter técnico, riguroso, gradual y participativo de muchos años. Contempló la participación de expertos sectoriales, revisores externos y una consulta ciudadana. Asimismo, en su etapa de implementación realizamos talleres prácticos con el sector privado, se puso en la web de Hacienda una herramienta Excel para autoevaluación, se lanzó el piloto con bancos y se está llevando a cabo un estudio de interoperabilidad con la taxonomía de la Unión Europea”.

Moreno agregó que el paso siguiente “es la incorporación de la T-MAS como instrumento de señalización y facilitador de inversiones en diversos ámbitos de las políticas públicas y marcos normativos”, y  destacó la importancia de “avanzar desde un esquema completamente voluntario hacia uno que permita universalizar el uso de esta herramienta como un catalizador de inversiones, destacando que la CMF y el Ministerio de Economía están llamados a ser actores clave en su despliegue práctico dentro de la política pública”.

Complementando lo anterior, el asesor de la Oficina de Finanzas Sostenibles de Hacienda, Lucas Apparcel, explicó que “la taxonomía es un sistema de clasificación que permite identificar si las actividades económicas se desarrollan de manera sostenible desde una perspectiva medioambiental, con el objetivo de entregar mayor certeza, transparencia y facilitar la transición hacia una economía más sostenible, con nuevas oportunidades de inversión y financiamiento”.

Comentó además que, desde mayo de 2025, cuando se publicó oficialmente la Taxonomía, hasta hoy han trabajado en su socialización e implementación, con talleres dirigidos a cada sector económico y al sector público, además de ejercicios comparativos con la taxonomía de la Unión Europea. “Estamos realizando un trabajo comparativo entre la T-MAS europea y la chilena. Es muy importante que los inversionistas que trabajan con la taxonomía de la Unión Europea entiendan cómo conversa su taxonomía con la chilena, sobre todo porque el 85% de la inversión sostenible proviene de capitales europeos”. Por otro lado, Apparcel señaló que “con la CMF estamos trabajando en la idea de generar una hoja de ruta para entender cómo pasamos de una taxonomía voluntaria a una que sea regulatoria”.

90% de los proyectos calza con la T-Mas
A continuación, el jefe de Fomento del Ministerio de Economía, Nicolás Marshall, explicó en su exposición que la Taxonomía está directamente conectada con la nueva Ley de Permisos Sectoriales y que puede ser clave para destrabar uno de sus mayores desafíos: definir de manera clara qué proyectos realmente aportan a los objetivos ambientales del país.

Contó que, aunque la Ley crea un mecanismo de tramitación rápida que puede reducir hasta en un 50% los tiempos de los permisos, fue difícil acordar un criterio común entre los ministerios, porque existían muchas normas distintas y no había herramientas claras para saber cuándo un proyecto podía considerarse “verde”. En ese escenario, dijo que la T-MAS apareció como la solución, ya que traduce el aporte ambiental de un proyecto en criterios técnicos claros, comparables y verificables. Esto mejora la transparencia, facilita identificar inversiones sostenibles y ayuda a que los trámites sean más rápidos y confiables.

Además, comentó que, al aplicar la taxonomía a su catastro de inversiones, el Ministerio de Economía comprobó que cerca del 90% de los proyectos calza fácilmente con la T-MAS, lo que la convierte en un indicador simple y medible para definir qué iniciativas podrán acceder al fast track de la Ley, que también incluye herramientas como ventanilla única, declaraciones juradas y tramitaciones paralelas.

Por su parte, la directora de Estudios de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), Nancy Silva, explicó que la CMF está avanzando en una nueva norma -actualmente en consulta pública- que regula a las Administradoras Generales de Fondos y a los fondos fiscalizados, fortaleciendo la exigencia de información sobre sostenibilidad y su vínculo con la T-MAS. En ese contexto, destacó que los riesgos climáticos y ambientales ya no son temas lejanos, sino riesgos financieros concretos que afectan la estabilidad y el buen funcionamiento del sistema financiero, y que la taxonomía actúa como un “sello” que se suma a la divulgación tradicional para ayudar a reconocer con mayor claridad cuáles inversiones son realmente sostenibles.
 

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